19 Feb Entrevista al señor Enrique Rodríguez Mar, Presidente de la Asociación Bancaria de Guatemala y CEO del Banco G&T Comercial.
Guatemala ha construido uno de los sistemas bancarios más sólidos y resilientes en Centroamérica. La inclusión financiera ha alcanzado ya el 65 % de su población adulta este año, con el objetivo claro de alcanzar el 90%. ¿Nos podría decir cuáles son los factores clave que han impulsado este fuerte avance en los últimos años y cómo se distingue Guatemala como una de las principales potencias bancarias de la región?
Creo que Guatemala se distingue por una buena banca con mucha estabilidad y un crecimiento sostenido en los últimos 2 o 3 años de doble dígito, y eso ha venido a acompañar el crecimiento del país. Siempre estamos creciendo entre 3,5 % y 4 %. Además, también en tiempos de pandemia demostró ser súper resiliente, fue el país que menos decreció en América Latina y uno de los que menos decreció en el mundo.
Lo que quiero destacar es la macroeconomía del país, muy estable, consistente y disciplinada, con un déficit de los más bajos del mundo y de América Latina. Hemos tenido finanzas macroeconómicas muy ordenadas, y eso ha hecho que la banca pueda gozar de estabilidad, que es lo que requiere una banca moderna.
En términos del año pasado —un año inflacionario muy alto en el mundo— Guatemala fue muy resiliente. Su tasa máxima de referencia estuvo 5 puntos por debajo de Estados Unidos. Era increíble, y aun así los depósitos nunca salieron de Guatemala porque había actividad económica.
La otra cuestión que cabe resaltar en Guatemala y que ha consolidado tanto la macroeconomía como el mercado financiero reside en nuestros héroes migrantes: las remesas. Están alcanzando los 25.000 millones; eso es casi el 23 % del PIB, lo cual ha fortalecido mucho el consumo y ha generado mucho dinamismo en la banca privada. Sin embargo, esto también es un llamado de atención. Si bien es cierto que un país como México recibe tres veces más remesas que Guatemala, estas no representan ni el 3 % del PIB mexicano. En cambio, para nosotros ya representan un 22–23 %, lo cual empieza a ser un problema y una presión financiera, porque obviamente es ingreso que entra acá pero no se produce acá. Eso tiene un efecto inflacionario, que hoy se ha podido contrarrestar con la política monetaria del país y con el sistema de tipos de cambio que tiene el Banco de Guatemala, que interviene cuando hay exceso de dólares o cuando hay escasez.
En estos dos últimos años ha habido mucho más dólar que escasez, y eso genera pérdidas monetarias que deben contemplarse. Esto me lleva al cuarto punto: la importancia de atraer inversionistas extranjeros que vengan a invertir y producir en Guatemala. Sinceramente, Guatemala lo tiene todo: su posición geográfica, su estabilidad macroeconómica, un sistema bancario fortalecido y estable que apoya cualquier tipo de inversión. Tenemos todas las características.
Por supuesto, también tenemos grandes retos, como una infraestructura que debemos fortalecer —puertos, carreteras, aeropuertos— y también las instituciones, como ocurre en todo el mundo y en América Latina, donde las instituciones políticas están desgastadas. Sin embargo, Guatemala ha separado muy bien lo político de lo económico. Eso ha hecho que, a pesar de los problemas políticos que hemos tenido en los últimos 10–12 años, el tema económico se haya logrado mantener. El Banco de Guatemala es tal vez una de las instituciones más prestigiosas y con mayor institucionalidad que existe hoy en el país, y los guatemaltecos lo reconocemos y lo agradecemos.
El tercer punto es la bancarización. Hemos aumentado mucho la bancarización a través de la inclusión financiera, pero todavía poseemos una economía informal muy fuerte. Esa economía informal no se puede medir, pero sin embargo es un motor absoluto de la economía total del país. Es un tema un poco cultural. Se han hecho grandes esfuerzos para bancarizar todo el país a través de la digitalización, los teléfonos celulares y los cajeros automáticos.
Guatemala ha cambiado mucho. Antes, la economía se centralizaba en un 80 % en la ciudad de Guatemala, y el interior del país estaba olvidado. Era una de las grandes críticas: que la ciudad era muy próspera, con muchos edificios, pero cuando uno salía al interior, eso ya no ocurría. Hoy, en el interior, uno ve progreso: centros comerciales, edificios de apartamentos, complejos de bodegas. Eso ha reactivado mucho la economía.
Yo diría que, si Guatemala va a crecer 4 % este año, el interior del país está creciendo 6–7 %, y la ciudad de Guatemala estará creciendo 1,5 %. Eso quiere decir que la inversión se ha distribuido por todo el país.
La Asociación Bancaria de Guatemela (ABG), desde su fundación en 1961, se ha consolidado como la voz principal del sector bancario privado del país. Este año impulsó el diálogo sectorial al organizar la Cumbre Financiera Comercial y el COREMIF, ambos diseñados para promover la innovación y fortalecer la competitividad del mercado. ¿Cuáles son los logros de los que están más orgullosos?
En ABG nos sentimos orgullosos por muchas cosas. Una es que aglutinamos a los bancos privados y no privados del sistema. Junto con las autoridades de supervisión, el Banco de Guatemala y la ABG trabajamos constantemente en modernizar y mejorar toda la legislación necesaria para tener una banca dinámica, moderna y actualizada con los grandes cambios tecnológicos que estamos viviendo. Esto no lo hace cada banco de manera aislada, sino que lo hacemos de forma ordenada.
Estamos claros en la necesidad de estandarización y en avanzar hacia todo lo que es Basilea y las normas internacionales. En el tema de lavado de dinero, hemos sido la voz líder del país, destacando la importancia de pertenecer al GAFI y al GAFILAT, de ser un país cooperante y de proteger los capitales del delito de lavado.
Otro tema importante es que, a través de una empresa hermana de la ABG, la UCG, manejamos la cámara de compensación del sistema. Es una gran responsabilidad. La manejamos en conjunto con el Banco de Guatemala, que nos delega esa enorme responsabilidad, y lo hacemos —creo yo— muy bien. En Guatemala contamos con rieles muy modernos de ACH. Puedo mandar desde mi celular dinero a cualquier hora, a cualquier banco, a cualquier persona, de cuenta a cuenta. También puedo mandar dinero desde cajeros automáticos. Estamos muy bien digitalizados como gremio, y eso se debe a la creación de la cámara de compensación.
¿Cuáles son sus principales prioridades como ABG y, en un mundo financiero cada vez más digital, qué importancia tiene la ciberseguridad para la asociación?
Otro tema que nos atañe mucho es la ciberseguridad. Contamos con un comité que este año elevaremos a ente jurídico. Desde ahí velamos por la importancia de que todo el mercado cumpla con un estándar mínimo de seguridad, ante las amenazas que hoy afectan a todas las industrias financieras del mundo.
Como hay bancos grandes, medianos y pequeños, tratamos de ayudar a todos para que exista un estándar mínimo. La vulnerabilidad de uno es la vulnerabilidad de todo el sistema, y eso lo tenemos claro. El cuarto punto al que nos dedicamos en la ABG es la Escuela Bancaria y la educación financiera del país. Nos enfocamos desde estudiantes de nivel básico hasta empresas que desean conocer sobre banca y riesgos. Aceptamos también a empresas financieras no reguladas, que pudiera parecer una competencia desleal, pero las invitamos porque creemos en la importancia de una mayor inclusión financiera en el país.
Como decía, tenemos un reto muy grande: todavía se maneja muchísimo efectivo en Guatemala. El 70 % de las transacciones siguen siendo en efectivo, debido a los mercados y a toda la economía informal. Es a lo que debemos apuntar y en lo que estamos trabajando fuertemente, y esto solo puede lograrse con educación y generando confianza en los guatemaltecos que aún no son usuarios de la banca.
Hablando sobre las Pymes: bancos importantes como Banco Industrial, BAC, CreDomatic y G&T Continental han ampliado sus programas de financiamiento, asesoría e inclusión para ayudar a miles de Pymes y emprendedores a crecer. ¿Cómo describiría el compromiso del sistema bancario con el impulso al emprendimiento y a las pequeñas y medianas empresas? ¿Y de qué manera la ABG está liderando esta apuesta?
Faltó mencionar a Banrural, que es muy fuerte en Pymes. Pero realmente todos los bancos del sistema vemos una gran oportunidad en atender este segmento, crear nuevos productos y, sobre todo, salir al interior de la República, que es donde está la mayor concentración de Pymes.
Es impresionante cuando uno va al interior y ve a esos emprendedores. Ahí predominan marcas locales, panaderías locales que han construido verdaderos imperios en sus zonas. Y ahí hay grandes oportunidades para los bancos. Todos estamos compitiendo por quién llega primero y quién atiende mejor. Creo que, como ocurre con el crecimiento del PIB, buena parte del crecimiento de los bancos se está encontrando fuera de la capital, donde la mayoría de los clientes son Pymes. Pero hay un gran reto: aún existen muchas Pymes que operan en la informalidad. Hay emprendedores que manejan todo en efectivo. Tienen una cuenta bancaria, pero a su nombre personal; depositan ahí las ventas del negocio, las retiran al día siguiente y no llevan una contabilidad formal. Guatemala tiene una de las tasas de recaudación más bajas de América Latina —alrededor del 13-14 %, muy por debajo de países que llegan al 30 %—, así que no es un tema de altos impuestos. Aun así, existe ese aspecto cultural donde muchos empresarios evitan la formalidad, no porque el dinero sea ilícito; simplemente, en el interior todo se maneja en efectivo: venta de carros, de ganado, verduras, textiles. Ese es el gran reto.
Sin duda, tanto el sector público como el privado estamos analizando qué se ha hecho en otros países con la misma problemática, para ver cómo podemos avanzar hacia una mayor formalidad. Porque estar formalizado también trae beneficios, pero muchos lo desconocen. Eso es lo que tratamos de transmitir a través de la Escuela Bancaria. Por ejemplo, cuesta que entiendan que un informal paga IVA en todo lo que compra, pero no lo recupera. Si él registrara sus compras, podría recuperar ese IVA. Pero como no lo sabe, pierde ese beneficio.
Hablando de la inversión extranjera directa: el plan Guatemala No Se Detiene, que tiene como objetivo atraer 2,1 mil millones de dólares en IED para 2032, y considerando que Estados Unidos sigue siendo un gran inversor en el país, respaldado por los sólidos lazos del CAFTA-DR, ¿cómo está posicionando la ABG, junto con los principales bancos del país, a Guatemala como un destino ideal para capital internacional, especialmente estadounidense?
Venimos trabajando en la mesa técnica junto con el Gobierno, el Banco de Guatemala y la Superintendencia de Bancos. Lo que estamos buscando es alcanzar el famoso grado de inversión. Guatemala viene trabajando en eso; en su macroeconomía y en todos los aspectos económicos tenemos las condiciones para obtenerlo. Tal vez tenemos algunas falencias en los indicadores sociales, pero, por ejemplo, los papeles de Guatemala ya tienen el mismo precio que los de un país con grado de inversión. Eso es lo que hemos querido impulsar y transmitir a los diferentes actores de la sociedad: la importancia que tendría para Guatemala alcanzar ese grado de inversión. Creemos que sí lo podemos lograr, aunque deben hacerse esfuerzos para mejorar un poco la infraestructura, especialmente en puertos y aeropuertos. Son inversiones millonarias y esperamos que puedan venir empresas estadounidenses o de cualquier parte del mundo a invertir en Guatemala, porque existe mucha carencia y nuestros recursos no alcanzan para hacerlo solos.
Otra de las carencias que tenemos es la inversión en energía eléctrica. Hace cinco años, Guatemala era exportador de energía. Hoy, con el crecimiento que hemos tenido, ha sido necesario ampliar la red eléctrica, algo que se ha vuelto cada vez más complicado por los requisitos ambientales y la burocracia. Aunque Guatemala tiene una matriz bastante limpia, con mucha energía hidroeléctrica, ya casi no se construyen nuevas hidroeléctricas. Ahora estamos avanzando en energía solar, eólica y explorando un poco el gas, pero aún tenemos muchas necesidades en este ámbito.
En lo que a mí respecta como gerente general de G&T —y sé que mis colegas comparten esta postura—, le abrimos las puertas a todos los inversionistas extranjeros que han venido a conocer Guatemala. Lo único que realmente puede consolidar al país, fortalecer su economía y mejorar la calidad de vida de los guatemaltecos es la inversión extranjera.
Como gerente general, ¿qué información nos puede dar sobre qué servicios ofrece especialmente este banco y cómo puede ser atractivo para cualquier potencial inversor desde los Estados Unidos? Y, además, una persona que esté buscando un banco en Guatemala, ¿por qué debería elegir su banco?
Somos el tercer banco en el mercado guatemalteco, un grupo financiero que está cumpliendo 75 años. Estamos radicados exclusivamente en el país y nos enfocamos en ser un banco general, cubriendo básicamente todas las áreas que permite la banca. Esto no significa que estemos en todos los segmentos del mercado: hay áreas muy especializadas, como las microfinanzas, que atendemos apoyando a las microfinancieras, pero no de manera directa. También apoyamos a las cooperativas, aunque tampoco operamos ese segmento nosotros mismos. En términos de composición, somos un banco 60 % corporativo y 40 % de consumo. Ese porcentaje ha ido cambiando; hace ocho años éramos aproximadamente 80 % corporativo y solo 20 % consumo. Creemos que en la banca de consumo, la banca de personas y la banca Pyme están las grandes oportunidades a futuro. La banca corporativa, aunque relevante, restringe más y tiene márgenes cada vez más reducidos. Por eso hemos tratado de ir evolucionando con nuevos productos.
En Guatemala esa es la carrera de todos. Actualmente, el 80% de las transacciones del banco son digitales. Antes de la pandemia quizá era un 30%, pero la pandemia movió a toda la industria, no solo a G&T. Hemos hecho lo propio y considero que tenemos uno de los indicadores de digitalización más altos del mercado.
Ya tenemos crédito digital, apertura digital de cuentas monetarias y de ahorro, donde básicamente la gente puede servirse sola. El 80% de nuestros productos se pueden adquirir desde un teléfono celular. Nuestras agencias las estamos convirtiendo en oficinas de negocios, donde la gente puede iniciar una relación, pero cada vez más somos nosotros quienes debemos salir a buscar al cliente, porque cada vez llegan menos. Sobre todo los jóvenes por la matriz demográfica que tenemos.
El sistema completo ha avanzado hacia la digitalización y creemos que seguiremos creciendo en esa línea. Actualmente también estamos trabajando en billeteras electrónicas, al igual que todos los bancos. Veremos qué surge, ya que contamos con una cámara de compensación muy ágil y dinámica, que opera 24/7. Las billeteras han tenido dificultad para despegar en Guatemala, a diferencia de países como Panamá, Perú o Colombia, porque aquí, si tienes una cuenta bancaria, puedes operar y pagar a cualquier otra persona con cuenta en cualquier banco.
Y si no tiene cuenta, se le puede enviar al número de teléfono y la persona lo retira en un cajero automático.
¿Cuál sería su mensaje final como presidente de la Asociación Bancaria y como gerente general del Banco G&T, por favor?
Quisiera aprovechar para invitar a toda persona que no conoce o no ha leído sobre Guatemala a que lo haga, porque vale la pena. Somos un país verdaderamente bello. Contamos con recursos naturales hermosos, la gente es muy cálida; el guatemalteco se deja querer y es, por naturaleza, una persona buena.
Además, tenemos buenas condiciones para invertir. Hemos demostrado tener una madurez democrática que, aunque no tiene muchísimos años, ya suma más de 30–35 años viviendo en democracia. Todavía es reciente, pero creemos firmemente en la propiedad privada y en todos los niveles económicos. En Guatemala, la gente cuida su propiedad y cuida su tierra, tanto grandes como pequeños.
Sorry, the comment form is closed at this time.