19 Feb Entrevista al Jorge R. Leal, Chief Executive Officer de Magdalena
¿Cómo nació Magdalena en 1983 y cuáles fueron los hitos clave que convirtieron a un ingenio familiar en el segundo complejo azucarero más grande de América Latina?
Mi padre y mi madre compraron un ingenio en Puerto Rico en 1983. Se desarmó en Puerto Rico y lo movieron a Guatemala. Ese es el origen. Era un ingenio muy pequeño en su primer año: produjo 14.000 toneladas de azúcar, era el tercero más pequeño de Guatemala, dentro de los 19 que había en ese momento. Mi padre nos acompañó hasta el año 91. Él fallece y la empresa la toma mi madre, quien se dedicaba verdaderamente a la filantropía, a la educación, a buscar talentos jóvenes que no tuvieran los recursos para desarrollarse plenamente, pero le tocó un cambio muy grande. Mi padre tuvo un cáncer que duró dos años, y ella lo acompañó durante todo el tiempo que estuvo enfermo. En ese proceso, aprendió sobre el negocio. Mi madre es una mujer impresionante: tomó la empresa y la transformó. Mi padre era alguien que hacía todo y era el centro donde se tomaban todas las decisiones. Mi madre, en cambio, formó un equipo de trabajo y le dio un crecimiento a la empresa que, en los siguientes seis años, la triplicó. Es una historia muy bonita de cómo una mujer, en un país que era considerado en los negocios bastante machista, logró algo impensable en ese momento. Hay algunas anécdotas. Si me voy un poco más para atrás, al presidente Serrano, él organizó un almuerzo con 80 empresarios de Guatemala. Mi madre era la única mujer. Entonces, en un mundo de hombres, logró abrirse camino y dejar huella.
Creo que ella nos sentó muchas bases sobre cómo se hace empresa. En Magdalena vas a encontrar mucho de lo que es mi madre, doña Yolanda. En la manera en que existe un trato entre personas. Vas a ver que las jerarquías existen por la responsabilidad, pero en el trato somos mucho más parecidos que diferentes. Es un ambiente muy bonito, donde la persona verdaderamente va primero y donde todos nos relacionamos de una manera muy agradable. Creo que, en general, la empresa entera está enfocada en ver cómo mejorar uno mismo y cómo ayudan a mejorar las demás personas, ya sean colaboradores, comunidades o familias. Hay un enfoque que va más allá de las utilidades: se trata de cómo contribuyes a tu sociedad y cómo participas como un miembro activo de ella.
La empresa siguió creciendo. Mantuvimos un crecimiento constante. Mi hermano asumió la Dirección General de la empresa y también logró un crecimiento muy importante. Entramos al negocio de la energía eléctrica. El sector de la energía se desregularizó. Antes, el único que podía producir electricidad en el país era el Estado. Eso cambió y se permitió la participación de privados tanto en la generación como en el transporte y la distribución de energía eléctrica. Esto surgió, en realidad, de una necesidad. Guatemala estaba en un momento en el que el consumo eléctrico crecía, pero no así la generación. Teníamos apagones prácticamente todos los días. Con la participación de los privados se creó un nuevo mercado, un nuevo sistema de administración, y ha sido una historia de éxito en el desarrollo eléctrico, yo diría que a nivel de América y quizás del mundo. Es un sistema que funciona. Hoy en día, La Magdalena ha crecido en el abastecimiento de energía, y normalmente suplimos entre el 10% y el 12% de la energía que consume el país. Y eso es incluso antes de que entren los proyectos solares.
¿Qué motivó su expansión en Perú?
Asumimos nuestra primera operación fuera de Guatemala en el sector azucarero, en Perú. Mucha gente me pregunta: ¿por qué Perú? Porque es un país encantador, donde nos sentimos en casa. Somos muy similares en cuanto a las personas. Nos enamoramos del lugar y de su gente; además, encontramos una operación ya en marcha, que nos podía enseñar mucho sobre la producción. Hemos aprendido muchísimo de ellos, porque cultivan caña en el desierto. Todos los recursos son escasos. Todo hay que valorarlo y cuidarlo. Y nosotros creemos mucho en eso. En agricultura, creemos que si mides lo que entra y lo que sale, logras una producción sostenible usando menos y reutilizando más.
Vimos en Perú la oportunidad de aprender cómo hacerlo en un contexto donde verdaderamente los recursos son limitados. Tienen una oferta impresionante de energía solar, porque están en un desierto, pero todo el resto de los insumos hay que dárselos a la planta. Esos aprendizajes los estamos trayendo a Guatemala y nos están ayudando a ser mejores productores, a trabajar de manera más eficiente y a reducir costos.
Es una nueva experiencia. Vamos a seguir en el sector de la caña con esta visión de economía circular. Usamos la caña para generar energía eléctrica mediante la fibra, producimos etanol y alcohol para la industria farmacéutica, cosmética y también para bebidas. Todo se aprovecha. Incluso lo que queda de la producción de alcohol, la vinaza, lo convertimos en fertilizante y lo devolvemos al campo. Se trata de usar los recursos de la mejor manera, para que el costo de producción sea menor y las operaciones sostenibles en el tiempo. Esa filosofía nos sirve aquí y en cualquier parte donde queramos aplicarla. Además, hemos encontrado que los aprendizajes que hemos tenido en el azúcar son aplicables a otras industrias.
¿De que manera contribuye su empresa a la producción energética de Guatemala?
El segundo tema es la energía eléctrica. En Guatemala, afortunadamente, el país está creciendo. Tenemos una economía muy estable, unas condiciones macroeconómicas envidiables y una oportunidad de crecimiento e industrialización que está empezando a acelerarse. Esto nos está llevando a necesidades crecientes de energía eléctrica, muy similar a lo que está pasando en Estados Unidos con la introducción de la inteligencia artificial, que está generando demandas enormes y rápidas de energía. En Guatemala está pasando algo parecido: estamos introduciendo IA y, al mismo tiempo, industrializándonos.
Energy requirements are increasing, and meeting them requires significant investments. Therefore, always thinking about the sustainability of our business model, we inaugurated a couple of solar projects. Two solar projects are being inaugurated this year: one has already been launched and the other I hope will be operational by December. But these are just the first of several projects we will build in the future.
We believe that, even though Guatemala does not have oil, gas, or coal like the United States or some South American countries, we do have a solar resource that, with technological development and cost reductions, allows us to be competitive. It is a clean energy production, without waste or by-products, which aligns perfectly with the company’s philosophy. That is why we have invested in solar energy as a viable option, investing in the country’s future and in the development of industrialization and technification with AI, which will continue to demand more energy.
We believe energy must come first, like a road. Conditions must be created to supply it so that industry and technification can develop. That is our focus for the next five years: to continue investing in solar energy. Additionally, we have invited others to do the same. We believe that solar energy is the way to develop the country. Much more will be needed than what we can invest ourselves. The more participants and private companies that invest in energy, the better the future we will build for Guatemala.
Y en esta posible colaboración ¿ve potencial desde los Estados Unidos para apoyarle en esta industrialización del país?
Absolutamente. Hay diferentes sectores donde se puede participar. Vemos la banca de desarrollo como un aliado estratégico. Hoy en día hemos trabajado más con la banca europea, pero vemos con muy buenos ojos la participación de la banca de desarrollo americana. Puede ser IFC, Banco Mundial o el BID. Podría tratarse de un proyecto bastante grande. También es un hecho que Estados Unidos va mucho más avanzado en toda la tecnología de baterías y en la generación solar. Es un tema complejo, porque la energía solar solo ocurre de día, pero la energía se necesita abastecer día y noche. Entonces, vemos que al desarrollar energía solar tenemos que pensar también en cómo vamos a suplirla y darle estabilidad a todo el sector. Para mí, eso pasa a través de las baterías. Creo que ahí hay un campo en el que Estados Unidos está liderando en tecnología y donde vamos a poder colaborar y trabajar con la industria americana en este sentido. Por último, algo que va muy de la mano con los aprendizajes que hemos tenido sobre reutilización y sobre sacarle el máximo a todo lo que hacemos: desarrollamos un sector de bioquímica. La razón por la que entramos a esto fue porque decidimos aprender mucho sobre biología para mejorar las condiciones de producción de la caña de azúcar. Al conocer más sobre biología, llegamos a aprender sobre otros elementos y moléculas de difícil acceso en la naturaleza. Esto, sumado a la experiencia que vivimos durante la pandemia y a lo que se hizo con las vacunas en cuanto a biología sintética —modificando organismos para que produjeran algo que no existe en la naturaleza—, nos llevó a aprender mucho sobre esta área y sobre las posibilidades de transformar nuestro producto, el azúcar, en moléculas de difícil acceso y de mayor valor para la humanidad.
También es un hecho que Estados Unidos va mucho más avanzado en toda la tecnología de baterías y en la generación solar. Es un tema complejo, porque la energía solar solo ocurre de día, pero la energía se necesita abastecer día y noche. Entonces, vemos que al desarrollar energía solar tenemos que pensar también en cómo vamos a suplirla y darle estabilidad a todo el sector. Para mí, eso pasa a través de las baterías. Creo que ahí hay un campo en el que Estados Unidos está liderando en tecnología y donde vamos a poder colaborar y trabajar con la industria americana en este sentido.
Ese camino nos llevó a hacer una inversión en 2023 en un centro de investigación en Portugal. ¿por qué Portugal? Por tres razones. La primera, porque ya existía este centro y tuvimos la oportunidad de comprarlo. La segunda, porque el equipo de personas que lo integraba ya había trabajado ocho años juntos. Y la tercera, porque culturalmente tenemos muchas similitudes. Fue muy fácil adaptarnos a la sociedad portuguesa, especialmente en Oporto. Es gente maravillosa, con la que, aunque tengamos diferencia de idioma, nos entendemos muy bien. Llevamos ya dos años trabajando y estoy muy contento y orgulloso de lo que hemos logrado juntos en Portugal.
Y, por último, quizá donde más interés hemos tenido es en la nutrición humana y en cómo se puede mejorar. Nosotros seguimos muy enfocados en nuestras raíces y en cómo contribuir a mejorar la sociedad. Guatemala todavía enfrenta un problema de desnutrición infantil, pero creemos que estamos trabajando en vías de solucionarlo. Aspiramos a resolver el problema —o al menos el 90% de él— para finales de la década. Es un plazo corto, pero estamos convencidos de que vamos por buen camino. Ese es un tema fascinante, y lo que más nos gusta de la biotecnología o de la bioquímica es que no tiene límites. Por eso cambiamos también la imagen de la empresa. Antes se llamaba Ingenio Magdalena y se dedicaba únicamente al azúcar. Ahora se llama simplemente Magdalena. Hay elementos nuevos en nuestra identidad, como el símbolo del infinito. Lo incluimos porque creemos que las oportunidades son ilimitadas y que aún no hemos visto hasta dónde podemos llegar.
Y en cuanto al valor social que aporta Magdalena, la empresa genera más de 13.200 empleos directos y tiene presencia en múltiples departamentos del país. ¿Qué impacto social concreto considera que tienen sus operaciones en las comunidades locales? ¿Cómo miden ese impacto, de qué manera apoyan a esas comunidades y cuáles son sus planes para fortalecer aún más esta contribución?
Nosotros procuramos trabajar activamente con todas las comunidades donde tenemos operaciones, ya sea en la producción de caña, en su transporte a través de estas zonas o en aquellas comunidades de donde provienen muchos de nuestros colaboradores. Nuestro objetivo es ser miembros activos de cada una de ellas y participar con un rol constructivo.
Nuestro enfoque principal está en tres áreas: educación, salud e infraestructura. Lo que hacemos es identificar junto con las comunidades cuáles son las necesidades más urgentes o dónde podemos aportar mayor valor, y luego definimos en conjunto los proyectos a desarrollar. Siempre lo hacemos a través de programas bien estructurados, donde cada parte —la comunidad, el gobierno y nosotros como empresa privada— asume compromisos claros.
En educación, hemos trabajado mucho en la mejora de escuelas y en el acceso a Internet. De hecho, ya hemos logrado que todos los alumnos de escuelas en tres municipios tengan conexión a la web. En salud, apoyamos tanto en la mejora de instalaciones existentes como con la presencia de profesionales —médicos y dentistas— que asisten directamente a las comunidades.
En infraestructura, contribuimos al mantenimiento de caminos y accesos, para asegurar que las comunidades estén siempre comunicadas y tengan vías en buen estado. En cuanto al alcance, hace dos años trabajábamos con 207 comunidades, el año pasado con 214 y este año ya estamos presentes en 242. Se trata de un esfuerzo amplio y constante, donde fomentamos la participación activa de todos nuestros colaboradores para fortalecer los lazos con las comunidades en las que operamos.
Un tema también importante es el medioambiental. Obviamente, su empresa ha impulsado programas de reforestación, cuidado de cuencas y conservación de tortugas marinas. Por ejemplo, ¿cómo se integran estas iniciativas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y con la estrategia empresarial?
El poder participar en todas estas actividades te da una conciencia sobre la utilización de recursos y sobre cómo se están originando desperdicios. Lo que logras al estar activos, con todo el personal —es decir, todos los colaboradores y colegas— participando en este tipo de actividades, es una conciencia que, al final, se traduce en una conciencia empresarial respecto al uso de los recursos. Y eso, a su vez, lleva a costos más bajos. Adicionalmente, te da un sentido de pertenencia y de ser parte de la comunidad, contribuyendo verdaderamente a mejorarla. En el fondo, nosotros vemos la empresa —o las empresas— como entidades que tienen un rol activo en la comunidad y que existen para mejorar la sociedad.
En cuanto a la reforestación de cuencas, lo que estamos haciendo es crear corredores biológicos para que la fauna pueda mantenerse y desplazarse sin verse afectada por las actividades agrícolas o industriales del país. El programa de conservación de la tortuga es algo que nos fascina y que hemos sostenido durante más de 15 años. Encontramos que en las comunidades costeras existía una sobreexplotación de los huevos de parlama, de la tortuga marina, principalmente para alimentación. La solución fue relativamente sencilla: implementamos un programa en el que intercambiábamos víveres por huevos. De esta forma, logramos establecer centros para la reproducción de los huevos y la posterior liberación de tortugas.
Es una experiencia muy linda porque también involucra a los niños de la comunidad y ayuda a desarrollar una conciencia sobre el cuidado del mundo y la visión hacia el futuro. No sé si alguna vez has liberado tortugas, pero te da una satisfacción enorme verlas llegar al mar. Con los bosques y la reforestación sucede algo similar. Llevamos a cabo programas de reforestación para maderas que serán aprovechables en el futuro, un negocio de muy largo plazo que puede tardar entre 20 y 25 años, pero que aporta una gran satisfacción. También trabajamos activamente en la reforestación de manglares, tanto en terrenos del Estado como en privados. El mangle es un ecosistema biológico impresionante, donde habita un sinnúmero de especies de fauna. Creo que mucho de lo que hacemos responde a nuestra propia cultura empresarial. Esa ganancia cultural se refleja también en el negocio.
¿Cuáles son las prioridades y los mayores retos con los que se encuentran en estos momentos?
Por un lado, avanzamos con la construcción de una nueva planta en Guatemala, que esperamos tener en funcionamiento hacia finales de 2026. Todo va según lo previsto, y además, en julio concretamos la adquisición en Perú, un proceso en el que veníamos trabajando desde hace casi un año. La integración de los equipos ha sido muy positiva hasta ahora; ambos lados estamos muy contentos y conscientes de que hay mucho que aprender mutuamente: lo que Guatemala puede aportar a Perú y lo que Perú puede enseñarnos a nosotros. Es un reto interesante, pero afortunadamente la empresa peruana ya compartía una filosofía muy similar a la de Magdalena en temas de sostenibilidad, conservación ambiental y aprovechamiento de recursos, lo que ha permitido una integración fluida, sin grandes choques culturales. Hasta ahora, todo va muy bien.
Al mismo tiempo, seguimos avanzando en la expansión de nuestra capacidad de generación solar. El primer proyecto ya entró en operación, el segundo está en construcción, y el tercero ya viene en camino. Creemos que en los próximos tres años este proceso se va a acelerar con proyectos cada vez más grandes, lo que implica un reto en su gestión. Un punto clave será la integración de baterías, que pronto se volverán indispensables en Guatemala. Cambiar la matriz energética hacia fuentes limpias, como la solar, es positivo y necesario, pero también requiere avanzar de manera paralela en la capacidad de almacenamiento para garantizar la estabilidad del sistema eléctrico. Ese es un reto que no es sólo empresarial, sino de país.
En el área de bioquímica también estamos dando pasos importantes. Este año, junto con una empresa con la que colaboramos en investigación, se lanzó en Estados Unidos una línea de enzimas que ayudan a digerir proteínas. Ahora estamos trabajando para que este lanzamiento sea exitoso y logre expandirse más allá del mercado americano, con aplicaciones que incluso podrían contribuir a reducir la desnutrición, especialmente la infantil, a nivel global.
Además, en 2026 planeamos inaugurar en Guatemala nuestra primera planta de producción de proteínas, un proyecto en el que ya estamos trabajando activamente. Creemos que hay formas innovadoras de reutilizar materiales para convertirlos en fuentes de proteína, y estamos desarrollando varias iniciativas en esta línea. Son proyectos muy motivadores que, sin duda, marcarán un desarrollo acelerado en los próximos dos a tres años.
Y hablando de tecnología, ¿cómo utilizan la inteligencia artificial en sus proyectos?
Hay mucho uso, y es algo que hemos ido aprendiendo. Se utiliza desde la agricultura hasta el desarrollo de R+D en bioquímica. En cuanto a la agricultura, lo que hemos logrado es identificar patrones de desarrollo en la planta, los cuales podemos asociar con los trabajos que se están haciendo en el campo. Además, esta tecnología también se puede usar para gestionar rutas de distribución o transporte, para saber si realmente se está siendo eficiente en el uso de combustible y en la gestión de recursos. Esto va más allá de lo que una persona podría analizar por sí sola, debido a la cantidad de datos y equipos que se manejan en un solo momento. Por ejemplo, todos los equipos que se mueven en Magdalena cuentan con GPS. Esa información nos permite saber si estamos siendo eficientes en la utilización de maquinaria o si hay algo que se pueda mejorar para gestionarlo de manera más óptima. Hacer ese análisis individualmente sería muy difícil. Con inteligencia artificial, el sistema puede asistir a la persona para tomar decisiones más acertadas.
Otro trabajo que estamos haciendo es la programación del corte de la caña, utilizando algoritmos que analizan imágenes satelitales para identificar cambios en el desarrollo de la plantación. Así podemos determinar cuándo un cañal está en estado de maduración. Analizar estos datos de manera individual sería casi imposible, pero con la asistencia de inteligencia artificial, los resultados que obtenemos permiten a las personas tomar decisiones más informadas. Por supuesto, todavía necesitamos a alguien que interprete y valore los datos, pero la capacidad de la inteligencia artificial es increíble y abre muchas posibilidades sobre lo que se puede hacer.
¿Un mensaje final para los lectores de este reportaje de Guatemala en Miami Herald y Nuevo Herald?
Creo que las oportunidades que tenemos para adaptar la tecnología a Estados Unidos y a nuestros países en vías de desarrollo cada vez son más rápidas y más fáciles. Debemos mantenernos activos, conscientes y atrevernos a hacer cosas diferentes. No tenemos que caminar todo el camino que ha recorrido Estados Unidos para llegar a donde está; podemos, verdaderamente, dar saltos.
Vemos grandes oportunidades en lo que ya se ha hecho en Estados Unidos y en cómo podemos adaptar esa tecnología a nuestros países. Latinoamérica tiene muchas similitudes y oportunidades de desarrollo. Lo estamos viendo en cómo hemos encontrado tecnología en universidades como la Universidad de California en Davis, y cómo podemos ser parte de ese desarrollo integrando tanto a Magdalena en Guatemala como al centro de investigación Bio Orbis en Portugal.
Este mundo cada vez está más entrelazado, y podemos ser parte de él sin tener limitaciones. El hecho de que no seamos un país tan desarrollado no es una limitación para participar en tecnología de primer mundo y para estar a la vanguardia hoy.
Sorry, the comment form is closed at this time.